Con ilusión y sin urgencia: los argentinos sueñan con la Copa 2026

Son las nueve de la mañana en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El tránsito avanza lento sobre la Avenida Rivadavia y, mientras esquiva colectivos (autobuses) y algún que otro ciclista, Leonardo, taxista desde hace 28 años, resume en una frase lo que muchos argentinos parecen sentir en estas horas previas al debut mundialista: “Viste cómo es esto, por suerte estamos más tranquilos que hace cuatro años”.
A diferencia de Catar 2022, cuando la ansiedad por conquistar la tercera estrella dominaba las conversaciones en la calle, hoy la sensación predominante parece ser otra: confianza. Y no es para menos, las conquistas de las Copas América de 2021 y 2022, la Finalissima de 2022 y, sobre todo, la consagración en Lusail terminaron de transformar la relación de los argentinos con su selección.
“Mientras lo tengamos a Lio (Messi) en buena forma y los de arriba metan la pelotita, estamos para competirle a cualquiera”, dice Leonardo, mientras golpea suavemente el volante con la palma de la mano enfatizando su idea.
Con sus 52 años puede darse el lujo de decir que ha visto a su país en las tres ocasiones que alzó la Copa del Mundo, aunque la primera no la recuerde con tanta claridad. “En casa de mi viejo teníamos una tele que se veía todavía en blanco y negro, pero no le funcionaba el audio, así que escuchábamos los partidos por radio. Del que más tengo recuerdo es el de Holanda, en la final, pero era muy pibe y no le daba tanta bola”.
La sensación de confianza no parece ser exclusiva de la generación que vio los títulos de 1978, 1986 y 2022. A unos cuantos kilómetros de allí, en un pequeño café en el barrio de Almagro, la conversación gira alrededor del mismo tema.
Mientras acomoda unas medialunas de manteca detrás del mostrador, Agustina, de 27 años, asegura que este Mundial lo vive de una manera distinta al anterior. “En Catar se nos tenía que dar sí o sí, era supuestamente la última chance de Messi y no podía retirarse sin salir campeón del mundo”.
La joven reconoce que sigue viendo a la albiceleste entre las candidatas para esta edición, aunque evita caer en triunfalismos y recuerda que hay otras selecciones muy bien armadas y que pelearán por el torneo. “Creo que Argentina siempre es favorita, es como Brasil, ¿viste? No podemos dejarlas por fuera nunca. Me gusta mucho España también y, bueno, últimamente Francia siempre está ahí, aunque no sé… espero que la eliminen pronto”, suelta, mientras se dispone a seguir atendiendo a los clientes urgidos por un buen café cortado.
Más allá de las diferencias de edad y profesión, hay una idea que parece repetirse en las tertulias: Argentina llega al Mundial 2026 sin la carga emocional que acompañó la previa de Catar. La ilusión sigue intacta, pero la urgencia parece haber quedado atrás.
La figura de Messi sigue siendo el eje central
Si hay un nombre que atraviesa todas las charlas, ese es el de Lionel Messi. Aunque la deuda que el fútbol parecía tener con el rosarino quedó saldada aquella noche en el estadio Lusail, muchos argentinos reconocen que siguen disfrutando de la presencia de su capitán como figura central en el equipo de Lionel Scaloni.
“Yo ya estoy hecho con Messi. ¿Qué más le podemos pedir? Nos dio todo”, comenta Gastón, estudiante de 21 años, quien pese a tener buenas sensaciones de cara al Mundial, sabe que lograr un back to back no es algo tan sencillo. “Obvio que quiero salir campeón del mundo otra vez, ¿quién no? Tenemos chances y elijo creer, claro, pero digamos las cosas como son: va a ser difícil”.
Argentina juega un partido de la fase de grupos contra Austria el lunes 22 de junio a las 2:00 pm, hora de Buenos Aires. Gastón, quien cursa la carrera de Ciencias Económicas en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), reconoce que ese día nadie en la facultad va a asistir a clases. “Creo que es de mutuo acuerdo entre alumnos y profesores”, dice entre risas mientras se acomoda la mochila sobre uno de sus hombros. “Ese día hasta ellos no van a querer dictar materia. Todos tenemos que estar apoyando a la selección. Además, es el último Mundial de Messi. Cada partido puede ser el último para él”.
Se interrumpe la cotidianidad
El Mundial sigue conservando una capacidad única de alterar la rutina cotidiana de los argentinos. Los horarios de trabajo se modifican, las reuniones familiares se organizan alrededor de los partidos y las conversaciones terminan inevitablemente en el mismo tema: ¿hasta dónde puede llegar la selección?
En oficinas, universidades, comercios y bares, la expectativa crece a medida que se acerca el debut. A pocos metros del Campus Urbano de la UADE, donde Gastón expresaba su confianza en Messi y la selección, se encuentra un kiosco de revistas y periódicos que atiende su propio dueño desde hace 15 años. “El día que juega Argentina se labura menos, eso es así”, comenta Roberto, de 63 años.
“La gente viene más que todo temprano por la mañana, compran Olé (periódico deportivo) y terminamos hablando de fútbol. Algunos ni siquiera me compran el diario (risas), son conocidos o vecinos del barrio que vienen a discutir la formación del equipo conmigo”, continuaba Roberto, futbolero de toda la vida e hincha de Independiente de Avellaneda.
“Los días que juega la selección cierro el kiosco unas dos horas antes del partido, ponele. Por lo general las calles se vacían, todos están en sus casas o en algún bar viendo la previa. No tiene sentido quedarme”, dice el hombre, mientras ordena una pila de revistas recién llegadas.
Roberto deja entrever una realidad que se repite en buena parte del país cada vez que rueda la pelota en un Mundial. Durante noventa minutos, las obligaciones cotidianas parecen quedar en segundo plano. Cuatro años después de la consagración en Catar, la pasión permanece intacta.
Una tranquilidad poco habitual en el argentino
Las historias cambian, los protagonistas también. Una empleada gastronómica, un estudiante universitario o un kiosquero pueden tener distintas edades, ocupaciones y formas de ver el fútbol. Sin embargo, todos parecen coincidir en algo: Argentina llega a este Mundial con confianza, pero sin triunfalismo.
De vuelta sobre el taxi en la Avenida Rivadavia, Leonardo espera que cambie el semáforo para avanzar. En medio del tránsito caótico de un jueves por la mañana, resume esa sensación generalizada en pocas palabras: “Antes teníamos la obligación, ¿viste? Esa cuenta pendiente. Eran treinta y pico de años sin ganarla. Ahora vamos a disfrutarlo”.
Lo que cambió no fue la pasión, sino la forma de vivirla. Quizás allí resida la principal diferencia entre la Argentina que aguardaba el Mundial de Catar y la que hoy espera el inicio de una nueva Copa del Mundo en los Estados Unidos.
Esta vez el entusiasmo convive con una tranquilidad poco habitual para el hincha argentino. La ansiedad ya no marca el pulso de un país entero. El campeón defensor sigue soñando, aunque esta vez lo hace desde el aplomo de quien ya alcanzó la cima.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.elnacional.com
En la sección: EL NACIONAL
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