Oyarzabal, el delantero invisible | Mundial 2026 fútbol | elmundo.es

España tiene un delantero invisible porque no tiene un Haaland, un Mbappé, un Harry Kane. Un delantero que se mueve en los dominios del 9, pero no es un 9 al uso, y eso le permite aparecer y desaparecer, como en el gol que definió el título de la Eurocopa ante Inglaterra. Ahora que esta España mejora su versión y avanza, gracias a sus goles, dos más, la importancia de Oyarzabal aumenta en un contexto de mayor competitividad, por el nivel de los rivales. La selección tiene la capacidad de conservar el balón y ser dominante, pero el Mundial se gana en las áreas.
La propia permanece impoluta, con Laporte y Cubarsí firmes y fijos, a la espera de que lleguen los miuras. La ajena la habita Oyarzabal, siempre en movimiento, pero la pisan muchos futbolistas cuando la selección ataca, y eso es un padecimiento para los rivales. No sólo lo hacen Lamine Yamal o Dani Olmo, también Cucurella o hasta Pedro Porro, autor de un gol histórico para el lateral de Don Benito, que encontró libre el lugar del 9 del que se apartó Oyarzabal y con él uno de los centrales. Esa es parte del trabajo invisible.
Las lesiones de Víctor Muñoz y Nico Williams hacen más necesarias esas incorporaciones en ataque, sean desde la titularidad, como fue el caso de Baena, o el banquillo, con Mikel Merino y Ferran Torres. El último no ha encontrado el nivel mostrado en el Barça, justo lo contrario de lo que le sucede a Dani Olmo, mucho mejor en el ecosistema de la selección, o el propio Baena, de la mediocridad en el Atlético a un protagonismo inesperado con España.
Es muy posible que los extremos lesionados, o alguno de ellos, estén disponibles para los octavos, pero no será en su plenitud, y hay puestos donde sólo se puede jugar de una forma, salvo si eres Lamine Yamal, porque un porcentaje alto del barcelonista es ya diferencial.
A Lamine se le observó hiperactivo, ansioso, pese a que se enfrentaba a uno de los mejores futbolistas de Austria como es Laimer. Buscó su gol con ahínco y se sentó en el banco con una sensación agridulce. Quiere ganar pero quiere más. Quiere el Mundial y quiere la gloria individual en un torneo en el que las grandes prima donnas ya han aparecido, desde Messi a Mbappé, Haaland o Kane. Lamine abrió el marcador ante Arabia Saudí, pero necesita más para verse en ese grupo. Ese apetito es un tesoro para España, porque le llevará a los duelos imposibles que son los duelos ganadores. En ese grupo se ha metido Oyarzabal sin que nadie lo viera, ni siquiera la FIFA que dio el MVP a Lamine. Como en el área.
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