Un equipo de investigadores en Francia ha identificado una posible conexión entre el hambre, el consumo de azúcar y la forma en que el cerebro consolida los recuerdos, en un hallazgo publicado recientemente en la revista científica ‘Nature’.
El estudio fue desarrollado por científicos del Laboratorio de Plasticidad Cerebral de París, adscrito al Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS), una de las instituciones más reconocidas en el campo de la neurociencia en Europa.
Para llevar a cabo la investigación, el equipo utilizó moscas de la fruta (Drosophila melanogaster), un modelo biológico ampliamente empleado para analizar procesos básicos del sistema nervioso y la formación de la memoria.
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Mosca de la fruta, modelo del estudio sobre memoria. Foto:ISTOCK
El objetivo central del trabajo era comprender cómo factores como el estado energético del organismo pueden influir en la manera en que el cerebro almacena información tras una experiencia de aprendizaje.
En ese contexto, los científicos observaron que la glucosa no solo funciona como fuente de energía, sino también como una señal biológica que interviene en la consolidación de los recuerdos.
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El azúcar como posible modulador de los recuerdos. Foto:ISTOCK
Uno de los hallazgos más relevantes está relacionado con unas neuronas específicas, conocidas como Gr43a, que actúan como sensores del estado nutricional y responden a la presencia de azúcar en el organismo.
Estas células nerviosas establecen un vínculo entre la sensación de hambre y los mecanismos de memoria, lo que sugiere que el estado fisiológico influye directamente en el aprendizaje.
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Neuronas Gr43a, clave en el estudio de la memoria. Foto:ISTOCK
Durante los experimentos, los investigadores evidenciaron que cuando las moscas recibían azúcar después de una experiencia de aprendizaje, la retención de la información mejoraba de manera significativa.
En contraste, cuando el aporte energético no incluía glucosa o era insuficiente, la consolidación de los recuerdos era más débil, lo que refuerza la hipótesis del papel activo del metabolismo en la memoria.
Aunque los resultados son prometedores, los científicos aclaran que se trata de un estudio realizado en un modelo animal, por lo que aún no puede extrapolarse de forma directa a seres humanos, aunque abre nuevas vías para entender la relación entre alimentación y funciones cognitivas.