Descubren el posible prototipo de Stonehenge: un monumento de madera de 5.000 años con la alineación al solsticio más antigua conocida

Cada mes de junio, miles de personas se reúnen en Stonehenge para contemplar el amanecer del solsticio de verano, un fenómeno que desde hace décadas simboliza el estrecho vínculo entre este monumento megalítico y la observación del cielo. Sin embargo, una nueva investigación acaba de ampliar de forma significativa esa historia. Un equipo de arqueólogos ha identificado, muy cerca del célebre círculo de piedra, los restos de una estructura de madera de hace unos 5.000 años que podría representar el ejemplo más antiguo conocido de una alineación deliberada con los solsticios dentro del paisaje ceremonial de Stonehenge.
El descubrimiento, dado a conocer por Wessex Archaeology, no consiste en un monumento monumental como el que hoy atrae visitantes de todo el mundo. Lo que ha sobrevivido son dos grandes hoyos excavados en el terreno donde hace cinco milenios se levantaban dos enormes postes de madera. Aun así, la importancia del hallazgo es extraordinaria porque apunta a que las comunidades neolíticas ya habían desarrollado conocimientos astronómicos y rituales relacionados con el movimiento del Sol varios siglos antes de la colocación de las grandes piedras de Stonehenge.
La investigación sitúa esta estructura en torno al año 2950 a. C., una cronología obtenida mediante numerosas dataciones por radiocarbono realizadas sobre materiales recuperados durante las excavaciones. Esa fecha coincide con la primera fase constructiva de Stonehenge, cuando únicamente existía el gran recinto de tierra, pero es aproximadamente medio milenio anterior a la instalación de los famosos bloques de sarsen alineados con el amanecer del solsticio de verano y la puesta de Sol del solsticio de invierno.
Lejos de tratarse de un descubrimiento casual de última hora, el yacimiento fue excavado entre 2015 y 2017 durante las obras previas al desarrollo del programa de infraestructuras del Ministerio de Defensa británico en Bulford, una localidad situada a unos cinco kilómetros de Stonehenge. Han sido necesarios varios años de análisis arqueológicos, estudios topográficos y reconstrucciones astronómicas antes de que los investigadores decidieran presentar públicamente sus conclusiones.
Un paisaje ceremonial mucho más antiguo de lo que se pensaba
Las excavaciones permitieron localizar 48 fosas pertenecientes al final del Neolítico. En su interior aparecieron fragmentos de cerámica decorada, huesos de animales, herramientas de sílex, carbón vegetal y otros restos que indican que el lugar acogió importantes concentraciones humanas durante un periodo relativamente corto.
Los arqueólogos consideran que aquellos encuentros estuvieron acompañados de grandes banquetes comunitarios, una interpretación basada tanto en la abundancia de restos faunísticos como en el tipo de materiales recuperados. La escena recuerda inevitablemente a otros enclaves próximos a Stonehenge donde también se han documentado celebraciones colectivas relacionadas con el calendario solar.
Entre todos los hallazgos destacaban dos fosas muy diferentes del resto. Eran considerablemente mayores, tenían una forma distinta y estaban rellenas principalmente con bloques de creta, una característica compatible con la función de sostener grandes postes de madera. Uno de estos hoyos conservaba incluso restos de carbón de fresno, reforzando la interpretación de que allí se levantó una estructura de madera de gran tamaño.
Los investigadores calculan que ambos postes pudieron medir entre tres y cuatro metros de altura y estaban separados por unos 120 metros. A simple vista esa disposición podría parecer casual, pero el análisis posterior reveló un dato mucho más interesante: una línea imaginaria entre ambos apunta directamente hacia el lugar del horizonte donde salía el Sol durante el solsticio de verano hace cinco mil años y, en sentido contrario, hacia la puesta del Sol del solsticio de invierno.

La alineación de Stonehenge con el amanecer del solsticio de verano pudo ser la culminación de una tradición ritual que, según este nuevo hallazgo, comenzó varios siglos antes con estructuras de madera.
La astronomía entra en escena
Tal y como ha revelado Wessex Archaeology, la comprobación de esa alineación fue realizada mediante reconstrucciones digitales del paisaje y del cielo antiguo desarrolladas por el arqueólogo especializado en arqueoastronomía Fabio Silva.
El estudio tuvo en cuenta la evolución del movimiento aparente del Sol a lo largo de los milenios, la topografía original del terreno y la desaparición de elementos modernos que alteran actualmente el paisaje. El resultado mostró que la alineación coincide con los solsticios con una precisión cercana a un grado.
Aunque esa pequeña desviación podría parecer significativa, los investigadores consideran que desaparece prácticamente al tener en cuenta el diámetro que habrían tenido los propios postes de madera, posiblemente de hasta medio metro de grosor. En términos prácticos, la estructura habría funcionado como una especie de visor monumental para señalar los momentos más importantes del año solar.
Este aspecto resulta especialmente relevante porque demuestra que las comunidades neolíticas no observaban el cielo de manera improvisada. Habían desarrollado métodos suficientemente precisos para identificar el amanecer y el ocaso en fechas concretas del calendario, un conocimiento que requería años de observación y una transmisión cultural continuada.

¿Un ensayo antes de construir Stonehenge?
La interpretación más llamativa planteada por los responsables del proyecto es que este sencillo monumento de madera pudiera representar una especie de antecedente directo de Stonehenge.
Los arqueólogos no sostienen que exista una prueba definitiva de que ambos monumentos fueran construidos exactamente por las mismas personas, pero consideran que resulta difícil imaginar que dos comunidades distintas desarrollaran, prácticamente en el mismo paisaje y en fechas tan próximas, tradiciones ceremoniales tan similares sin algún tipo de continuidad cultural.
De hecho, el comunicado de Wessex Archaeology plantea la posibilidad de que una estructura parecida hubiera existido también durante las primeras fases de Stonehenge, aunque las sucesivas remodelaciones del monumento habrían borrado cualquier rastro arqueológico.
Algunos especialistas externos consideran que la hipótesis es perfectamente plausible dentro del contexto del Neolítico británico, mientras que otros prefieren mantener cierta cautela. Varios expertos recuerdan que dos agujeros de poste, por sí solos, no bastan para demostrar de manera absoluta la existencia de un monumento ceremonial complejo. Esa prudencia es habitual en arqueología y forma parte del debate científico que suele acompañar a descubrimientos de esta magnitud.

El excepcional cuchillo de sílex con forma de disco apareció depositado de forma deliberada en uno de los hoyos y podría simbolizar el Sol dentro de las ceremonias celebradas en Bulford.
Mucho más que un alineamiento solar
Más allá de la discusión sobre si puede hablarse o no de un «prototipo» de Stonehenge, el hallazgo aporta una información especialmente valiosa sobre la vida espiritual de las comunidades neolíticas.
Las evidencias recuperadas indican que Bulford fue un lugar de reunión donde grupos humanos acudían para celebrar ceremonias relacionadas con el paso de las estaciones. Los abundantes restos de animales consumidos, la concentración de materiales y la presencia de un excepcional cuchillo de sílex con forma discoidal —depositado de manera deliberada en una de las fosas— apuntan a un espacio con un fuerte componente simbólico. Los investigadores creen incluso que esa singular pieza pudo representar al propio disco solar.
Todo ello dibuja un paisaje ceremonial mucho más amplio que el propio Stonehenge. Durante generaciones, distintas comunidades habrían regresado una y otra vez a esta parte de la llanura de Salisbury para celebrar acontecimientos vinculados con el movimiento del Sol, reforzar sus creencias religiosas y mantener tradiciones compartidas que acabarían cristalizando siglos después en algunos de los monumentos prehistóricos más impresionantes de Europa.
En realidad, el descubrimiento obliga a mirar Stonehenge desde otra perspectiva. En lugar de entenderlo como una creación aislada o revolucionaria, empieza a perfilarse como el resultado de una larga evolución cultural desarrollada durante siglos. Las gigantescas piedras que hoy contemplamos quizá fueron únicamente la culminación de una tradición mucho más antigua, cuyos primeros pasos quedaron marcados por dos enormes postes de madera que, durante unos instantes cada año, señalaban el lugar exacto por donde nacía el Sol del verano.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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