Entre 3500 y 3350 a. C.: el ritual de beber leche que transformó la sociedad neolítica europea

La expresión de la sociabilidad a través de la comida y la bebida nos caracteriza como seres humanos. Hoy, como antaño, ceremonias y pactos de todo tipo se sellan alrededor de una mesa bien servida o haciendo entrechocar las copas. La pregunta que este rasgo tan identificable del carácter humano sugiere parece inevitable: ¿desde cuándo utilizamos la bebida en los contextos sociales? Un hallazgo procedente del corazón de la Europa neolítica apunta a que las comunidades agrícolas no solo cultivaban la tierra y domesticaban animales, sino que también desarrollaron complejas formas de interacción social en las queel acto de beber adquirió un significado que trascendía la mera subsistencia.
Un estudio reciente, publicado en Praehistorische Zeitschrift, ha aportado nuevas evidencias sobre estas prácticas a partir de un yacimiento excepcional: Sławęcinek, en la región polaca de Kuyavia. El descubrimiento de un conjunto de recipientes cerámicos y restos orgánicos ha permitido reconstruir con notable precisión los rituales de consumo colectivo que tuvieron lugar hace más de 5.000 años. Así, la bebida se convirtió en un vehículo de cohesión social, de identidad cultural y de expresión simbólica.
El descubrimiento de un conjunto de recipientes cerámicos y restos orgánicos en Sławęcinek (Polonia) ha permitido reconstruir los rituales de consumo colectivo que tuvieron lugar hace más de 5.000 años.

Transformaciones sociales en la cultura de los vasos de embudo
Durante el IV milenio a. C., la llamada cultura de los vasos de embudo (TRB, por sus siglas en alemán) se consolidó como una de las principales tradiciones culturales del norte de Europa. Estas comunidades, herederas de los primeros agricultores, desarrollaron una economía mixta basada en la agricultura y la ganadería. Dicho modelo económico favoreció una creciente complejidad social, así como el desarrollo de nuevas formas de interacción comunitaria.
Uno de los rasgos más significativos de este periodo fue el desplazamiento de las actividades rituales fuera del ámbito doméstico. Monumentos como los túmulos alargados o las deposiciones en espacios acuáticos reflejan una clara diferenciación entre lo cotidiano y lo simbólico. Sin embargo, hacia mediados del milenio, esta separación comenzó a diluirse. Las funciones rituales empezaron a integrarse en los asentamientos, que se convirtieron en espacios híbridos donde convergían lo doméstico y lo ceremonial.
Este cambio coincidió con la influencia de la cultura de Baden (ca. 3600-2800 a. C.), que introdujo nuevas prácticas y valores en Europa central. Entre ellas, destacan los rituales comunitarios de consumo de bebidas, que se materializan en la presencia de conjuntos específicos de recipientes cerámicos en el registro arqueológico. Según han constatado los arqueólogos, la adopción de estos rituales evidencia la existencia de redes de intercambio cultural a gran escala.
En el IV milenio a. C., la cultura de los vasos de embudo, heredera de los primeros agricultores, desarrolló una economía mixta basada en la agricultura y la ganadería.

El yacimiento de Sławęcinek: un enclave singular
Excavado en 2016, el sitio arqueológico de Sławęcinek ofrece un contexto excepcional para estudiar estas transformaciones. Situado en una fértil llanura de Kuyavia, el asentamiento abarca aproximadamente cinco hectáreas y presenta evidencias bien conservadas de ocupación neolítica. La organización espacial del yacimiento revela una clara diferenciación entre las áreas domésticas y las zonas de actividad ritual.
En la zona occidental del asentamiento, se halló un conjunto particularmente revelador. Se trata de un “servicio de bebida” compuesto por un vaso de embudo decorado, cinco botellas con cuello y dos pequeños vasos. Este conjunto apareció en un pozo acompañado de restos óseos de animales. Tal asociación de materiales sugiere que el servicio se usó durante un banquete.
Algunos de estos recipientes se encontraron fragmentados y dispersos. De acuerdo con la interpretación de los autores del estudio, podría indicar una rotura intencional, siguiendo un ritual en el que la destrucción de objetos formaba parte del mismo acto ceremonial. La fragmentación deliberada refuerza la dimensión ritual de estos eventos comunitarios.
En la zona occidental del asentamiento, se halló un “servicio de bebida” compuesto por un vaso de embudo decorado, cinco botellas con cuello y dos pequeños vasos.

¿Qué se bebía? Evidencias biomoleculares
El análisis biomolecular de los residuos orgánicos presentes en los recipientes indica que se consumieron productos lácteos con bajo contenido de lactosa. Esto sugiere que estas comunidades tenían un conocimiento efectivo de los procesos de transformación de la leche, como la fermentación o el procesamiento térmico. En muchas sociedades, el consumo de productos lácteos en contextos rituales está asociado a valores simbólicos como la fertilidad, la abundancia o la transformación.
Por otro lado, el predominio de restos óseos de ganado vacuno en el yacimiento sugiere una economía orientada, al menos en parte, a la producción lechera. La intensificación de la producción láctea, por tanto, podría estar estrechamente vinculada al desarrollo de estos rituales de bebida.
El análisis biomolecular de los residuos orgánicos presentes en los recipientes indica que se consumieron productos lácteos con bajo contenido de lactosa.
Ritual, género y sociedad
El estudio plantea la posibilidad de que estos rituales estuvieran vinculados a grupos específicos de la comunidad, sobre todo a las mujeres. La presencia de enterramientos femeninos en el asentamiento, junto con ciertos patrones rituales, sugiere la existencia de estructuras sociales diferenciadas. La hipótesis que plantean los investigadores de que pudiesen haber existido sociedades femeninas secretas abre nuevas perspectivas sobre el papel del género en el Neolítico. Aunque esta interpretación requiere mayor evidencia para ser confirmada, los materiales arqueológicos ya apuntan a una organización social más compleja de lo esperado. Los rituales de bebida podrían haber funcionado como mecanismos de cohesión de grupos específicos dentro de un grupo humano más amplio.
En muchas sociedades, el consumo de productos lácteos en contextos rituales está asociado a valores simbólicos como la fertilidad, la abundancia o la transformación.

Beber como mecanismo para reforzar la grupalidad
El yacimiento de Sławęcinek ofrece una visión excepcional de las prácticas rituales en el Neolítico europeo. A través del análisis de los recipientes y los residuos orgánicos, es posible reconstruir con notable detalle los rituales de bebida que articulaban la vida social de estas comunidades. Estos hallazgos demuestran que el acto de beber era un elemento central en la construcción de la identidad y la cohesión social. Los habitantes de Kuyavia desarrollaron complejas formas de interacción simbólica que integraban tecnología, economía y ritualidad. La bebida, en este contexto, se convierte en un lenguaje cultural que ha perdurado durante milenios.
Referencias
- Kowalski, Ł. et al. 2025. «A first toast in Kuyavia: New evidence for drinking rituals in Neolithic Europe from Sławęcinek, Poland». Praehistorische Zeitschrift. DOI: https://doi.org/10.1515/pz-2025-2032
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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