Los neandertales no solo cazaban rinocerontes: arqueólogos revelan para qué guardaban sus enormes dientes hace más de 100.000 años

Durante décadas, los rinocerontes europeos del Pleistoceno han sido vistos principalmente como una fuente de alimento para los grupos humanos que habitaron el continente mucho antes de la llegada de nuestra especie. Sin embargo, una nueva investigación apunta a que la relación entre estos enormes herbívoros y los neandertales fue mucho más compleja de lo que se pensaba. Los dientes de algunos de estos animales, lejos de ser simples restos abandonados tras el consumo de la carne, pudieron convertirse en herramientas especializadas utilizadas durante tareas cotidianas.
La investigación, publicada en Journal of Human Evolution, aporta nuevas pruebas sobre un comportamiento apenas explorado hasta ahora. El trabajo, dirigido por Alicia Sanz-Royo, Juan Marín y un amplio equipo internacional de especialistas, ha analizado cientos de dientes de rinoceronte procedentes de yacimientos paleolíticos de España y Francia para determinar si determinadas marcas observadas en su superficie podían estar relacionadas con actividades humanas.
La pregunta surgió a partir de una observación aparentemente sencilla. En algunos yacimientos europeos aparecían cantidades inusualmente elevadas de dientes de rinoceronte aislados. En determinados casos, la proporción resultaba sorprendente si se comparaba con la escasez de otras partes del esqueleto. Aquella distribución no parecía responder únicamente a procesos naturales de conservación.
El fenómeno llamó especialmente la atención en varios enclaves del Paleolítico medio, donde los dientes aparecían una y otra vez con características similares. Muchos presentaban pequeñas fracturas, muescas y zonas impactadas en lugares concretos, como si hubieran sido sometidos a golpes repetidos. La cuestión era determinar si aquellas señales podían explicarse por causas naturales o si reflejaban una intervención deliberada de los neandertales.
Una materia prima excepcional en el mundo paleolítico
Los neandertales aprovecharon una enorme variedad de recursos animales. Los arqueólogos llevan décadas documentando el uso de huesos y astas para fabricar o mantener herramientas, pero los dientes habían recibido mucha menos atención. Sin embargo, desde el punto de vista físico, los dientes de rinoceronte poseen características especialmente interesantes.
Se trata de piezas grandes, pesadas y extremadamente resistentes. Su esmalte figura entre los materiales biológicos más duros presentes en los mamíferos. Además, las superficies de masticación de algunos molares y premolares ofrecen áreas relativamente planas capaces de soportar impactos repetidos.
Tal y como indica el estudio, estas propiedades convierten a los dientes de rinoceronte en candidatos ideales para tareas relacionadas con la percusión. En un mundo donde cada recurso disponible podía tener múltiples usos, no resulta extraño que grupos humanos con una larga tradición tecnológica exploraran las posibilidades de materiales poco convencionales.
La importancia de este hallazgo va más allá del simple descubrimiento de una nueva herramienta. Los investigadores consideran que amplía significativamente el repertorio tecnológico conocido para los neandertales y obliga a reconsiderar hasta qué punto seleccionaban determinadas partes anatómicas de los animales por motivos distintos a la alimentación.
Además, la investigación aporta una nueva perspectiva sobre la explotación de grandes herbívoros durante el Paleolítico. Los rinocerontes no solo proporcionaban carne, grasa y pieles. Algunas partes de su anatomía podían seguir siendo útiles mucho tiempo después de la muerte del animal.

Los neandertales podrían haber seleccionado dientes de rinocerontes viejos porque sus superficies eran más planas y cómodas para trabajar.
La prueba decisiva llegó con la arqueología experimental
Para comprobar si las marcas observadas podían haber sido producidas por actividades humanas, el equipo diseñó una serie de experimentos poco habituales. Conseguir dientes de rinoceronte modernos no fue sencillo. Finalmente, varios parques zoológicos franceses facilitaron piezas procedentes de animales fallecidos de forma natural.
Con esos dientes, los investigadores reprodujeron tareas que podrían haber realizado los neandertales hace más de 100.000 años. Algunas piezas se utilizaron para retocar herramientas de sílex y cuarzo. Otras sirvieron como pequeños yunques sobre los que trabajar materiales orgánicos. También se emplearon en distintas actividades de percusión relacionadas con la producción de útiles líticos.
Cada experimento fue documentado cuidadosamente. Los especialistas registraron el número de golpes, la posición de las piezas, la aparición de fracturas y los cambios producidos sobre el esmalte y la dentina. Posteriormente, todas las huellas fueron examinadas mediante técnicas microscópicas avanzadas.
Los resultados mostraron una coincidencia notable entre las marcas experimentales y las observadas en varios dientes fósiles. Las muescas, áreas impactadas, pequeñas fracturas y otras alteraciones aparecían en posiciones muy similares y presentaban características prácticamente idénticas.
El estudio también descartó otras explicaciones. Los investigadores compararon las marcas con los efectos producidos por la erosión, la abrasión sedimentaria, la compactación del terreno, la actividad de carnívoros e incluso el desgaste generado por la propia alimentación de los animales. Ninguno de estos procesos reprodujo los patrones observados en los fósiles arqueológicos.
España y Francia conservaban las pistas desde hace miles de años
Entre los conjuntos analizados destacan especialmente dos yacimientos: El Castillo, en Cantabria, y Pech-de-l’Azé II, en Francia. Ambos proporcionaron algunos de los ejemplos más convincentes de dientes modificados por actividades humanas.
En El Castillo se estudiaron más de doscientas piezas dentales pertenecientes principalmente al rinoceronte de estepa (Stephanorhinus hemitoechus). Veinticinco de ellas mostraban señales compatibles con el uso como herramienta. Algunas presentaban muescas repetidas en zonas concretas, mientras que otras conservaban fracturas y áreas de impacto asociadas a golpes reiterados.
En Pech-de-l’Azé II aparecieron evidencias similares, aunque en menor número. Allí los investigadores identificaron dientes con marcas que encajaban igualmente con actividades de percusión desarrolladas después de la muerte del animal.
Uno de los aspectos más interesantes es que las huellas no aparecen distribuidas al azar. Determinados tipos de dientes parecen haber sido seleccionados con mayor frecuencia. Según sugieren los autores, los neandertales pudieron preferir piezas procedentes de individuos adultos o viejos, cuyos dientes presentaban superficies más desgastadas y planas.
Esa posible selección implicaría una capacidad de observación y una comprensión práctica de las propiedades de los materiales mucho más desarrollada de lo que tradicionalmente se atribuía a estas poblaciones humanas.

En la cueva de El Castillo, en Cantabria, los investigadores identificaron 25 dientes con señales compatibles con el uso como herramienta.
Un nuevo capítulo en la historia tecnológica de los neandertales
La imagen de los neandertales ha cambiado profundamente durante las últimas décadas. Lejos de la visión simplificada que dominó buena parte del siglo XX, hoy sabemos que fabricaban herramientas complejas, dominaban el fuego, explotaban recursos muy diversos y eran capaces de adaptarse a entornos extremadamente diferentes.
La posible utilización de dientes de rinoceronte como herramientas encaja perfectamente dentro de esa creciente complejidad tecnológica. El hallazgo demuestra que estos grupos no se limitaban a emplear materias primas evidentes, sino que podían incorporar a su repertorio elementos poco habituales cuando ofrecían ventajas funcionales.
Tal y como ha revelado el estudio, los dientes de rinoceronte reunían precisamente varias de esas ventajas: dureza, resistencia, peso y una forma adecuada para determinadas tareas de percusión. En otras palabras, eran objetos capaces de desempeñar funciones concretas dentro de la cadena de producción de herramientas.
Los propios investigadores consideran que este descubrimiento probablemente representa solo el comienzo. Ahora que se conocen las señales que delatan este comportamiento, otros conjuntos arqueológicos podrían revelar evidencias similares en diferentes regiones de Europa e incluso de Asia.
Si futuras investigaciones confirman esta hipótesis, los dientes de rinoceronte podrían convertirse en una de las materias primas más inesperadas incorporadas al repertorio tecnológico de los neandertales. Un pequeño detalle fósil que obliga a replantear cómo estos grupos observaban, seleccionaban y transformaban los recursos que encontraban en su entorno.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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