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Una fíbula, una calabaza ritual y plata ibérica: así se conectaban la Italia etrusca y la península ibérica hace 2.700 años

📅 🕐 24 Abr 2026🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 7 min de lectura
Una fíbula, una calabaza ritual y plata ibérica: así se conectaban la Italia etrusca y la península ibérica hace 2.700 años
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La arqueología está convirtiendo los yacimientos considerados periféricos en piezas esenciales para reescribir el conocimiento histórico de la prehistoria y la Antigüedad. Muchos enclaves del interior de la Italia del Tirreno se habían calificado como espacios secundarios, dependientes de grandes centros como Vulci, Tarquinia y Orvieto. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en Journal of Archaeological Science: Reports obliga a revisar esa visión. El análisis de una tumba de élite hallada en Bisenzio, en la actual provincia de Viterbo, demuestra que hacia 750–730 a. C. ya existían conexiones directas entre esta comunidad y redes de intercambio que incluso llegaron a alcanzar la península ibérica.

La investigación revela que la Edad del Hierro no fue un mosaico de territorios aislados, sino una compleja red de contactos que permitió la circulación de materias primas y la transferencia tecnológica. La tumba Olmo Bello 16, excavada en 1927, pero reinterpretada en la actualidad gracias a técnicas arqueométricas avanzadas, ofrece una prueba excepcional de ello.

El análisis de una tumba de élite hallada en Bisenzio (Viterbo) demuestra que hacia 750–730 a. C. ya existían conexiones directas entre el centro de Italia y la península ibérica.

Área residencial de Bisenzio
Área residencial de Bisenzio. Fuente: The Bisenzio Project/A. Babbi

Bisenzio en la Antigüedad: el fin de la imagen de una comunidad periférica

Bisenzio se situaba en el entorno del lago de Bolsena, en el interior de la Etruria meridional. Entre el II milenio y el siglo V a. C., fue una comunidad protourbana de gran importancia. Tanto su extensión (unos 90 hectáreas, ampliables a 130 si se suma la zona hoy sumergida) como la riqueza de sus necrópolis la colocan al nivel de grandes centros etruscos más conocidos.

El Bisenzio Project, activo desde 2015, ha logrado desmontar la idea de que se trataba de un centro subordinado. Los nuevos hallazgos muestran una notable complejidad social, una intensa actividad portuaria y la presencia de individuos que operaban como auténticos intermediarios en las redes interregionales.

Bisenzio, en el interior de la Etruria meridional, fue una comunidad protourbana de gran importancia entre el II milenio y el siglo V a. C.

Bisenzio, necrópolis de Olmo Bell, tumba 16 B
Bisenzio, necrópolis de Olmo Bell, tumba 16 B. Fuente: The Bisenzio Project

La tumba Olmo Bello 16: un enterramiento de prestigio excepcional

Entre los contextos más reveladores del yacimiento, destaca la tumba 16 de la necrópolis de Olmo Bello. Se trata de una sepultura datada entre 750 y 725 a. C., correspondiente a un individuo masculino de alto estatus que se enterró en una gran cista monolítica de toba gris.

La estructura funeraria muestra elementos singulares. El uso de una gran caja pétrea rectangular se asociaba en la Etruria de la época a los enterramientos masculinos vinculados al prestigio guerrero y al poder político. Constituía, pues, un marcador social específico.

El ajuar confirma esa posición privilegiada. Se documentaron una fíbula de bronce decorada con hilo de plata, un anillo, una gran vasija metálica, un escudo circular, recipientes cerámicos de influencia eubeo-cicládica, una lanza, restos vegetales, una pequeña calabaza utilizada como receptáculo y diversos recipientes para bebida y alimentos. Según han podido determinar los arqueólogos, la riqueza del ajuar constituía la representación material de una identidad social construida a través del prestigio, la movilidad y la conexión con mundos lejanos.

Datada entre 750 y 725 a. C., la tumba 16 de la necrópolis de Olmo Bello corresponde a un individuo masculino de alto estatus que se enterró en una gran cista monolítica de toba gris.

Fíbula, anillo, escudo y recipientes metálicos
Fíbula, anillo, escudo y recipientes metálicos. Fuente: Museo Nazionale Etrusco di Villa Giulia/The Bisenzio Project/A. Babbi y B. Babbi

La gran sorpresa: la plata procedía de la península ibérica

Uno de los hallazgos más importantes del estudio procede del análisis de la fíbula. Esta pieza de bronce estaba completamente recubierta por un fino hilo de plata enrollado, elaborado mediante una técnica de laminado con rodillos ranurados. Al recurrir a los análisis isotópicos de plomo y los estudios metalográficos para determinar el origen del metal, el equipo obtuvo resultados inesperados.

La plata no procedía del Mediterráneo oriental, el origen atribuido a la mayor parte de los metales de prestigio de la época, sino del área de Linares-La Carolina, en la actual Andalucía. Esta región era rica en minerales argentíferos y ya se conocía su papel en los circuitos de intercambio antiguos. Encontrar una conexión material entre la península ibérica y esta comunidad del interior etrusco, sin embargo, resulta especialmente significativo.

Por otro lado, la composición del metal mostró una concentración de plomo muy baja, incompatible con la plata que se obtiene por copelación a partir de los minerales plomíferos. Todo parece indicar, pues, que se trataba de plata nativa o extraída directamente de minerales argentíferos. Este dato modifica la lectura histórica del yacimiento, pues demostraría, según los arqueólogos, que Bisenzio participó de manera activa en las redes internacionales de circulación de materias primas.

La plata de la fíbula no procedía del Mediterráneo oriental, sino del área de Linares-La Carolina, en la actual Andalucía.

Fragmentos de la calabaza
Fragmentos de la calabaza. Fuente: Museo Nazionale Etrusco di Villa Giulia/The Bisenzio Project/A. Babbi y B. Babbi

Una calabaza africana, resinas mediterráneas y ritual funerario

Otro elemento extraordinario que se halló en la tumba fue un pequeño frasco elaborado con Lagenaria siceraria, la conocida calabaza de peregrino o botella vegetal. Su identificación constituye la evidencia más antigua de uso de esta planta en Italia central. Este tipo de recipiente se empleaba tradicionalmente para transportar líquidos. Tenía, además, una fuerte carga simbólica en los contextos funerarios: su presencia en la tumba sugiere una concepción ritual vinculada al viaje al más allá.

Los análisis químicos permitieron detectar la presencia de restos de resinas de pino calentadas, posibles restos de Pistacia lentiscus (lentisco), grasas vegetales y animales, así como indicios de zumos fermentados de frutas como uva, manzana o pera. También aparecieron restos de vid (Vitis vinifera), tanto hojas como fragmentos leñosos, lo que indica el uso de sarmientos de vid en el ritual funerario.

La tumba muestra una compleja escenografía funeraria donde los alimentos, las bebidas, los aromas y los materiales exóticos formaban parte de la construcción simbólica del prestigio del difunto. La posible presencia de resinas aromáticas e incluso de sustancias medicinales refuerza la idea de que se llevaron a cabo prácticas rituales sofisticadas, muy alejadas de la imagen de una comunidad periférica y aislada.

Un pequeño frasco elaborado con Lagenaria siceraria, la conocida calabaza de peregrino o botella vegetal, constituye la evidencia más antigua de uso de esta planta en Italia central.

Ofrendas orgánicas. Fuente Museo Nazionale Etrusco di Villa Giulia – The Bisenzio Project – A. Babbi, B. Babbi

Una nueva forma de entender la Edad del Hierro mediterránea

Los autores del estudio enmarcan su estudio en una tendencia teórica más amplia. Frente al antiguo modelo centro-periferia inspirado en la World-System Theory, hoy gana fuerza la Network Theory, que interpreta el Mediterráneo como una red flexible de conexiones multidireccionales.

En este enfoque, incluso las comunidades interiores podían actuar como nodos relevantes gracias a los llamados “lazos débiles”, conexiones menos visibles, pero fundamentales para el movimiento de personas, ideas y bienes. Bisenzio encaja perfectamente en esta lógica. Su posición interior no implicó aislamiento, sino más bien la adopción de una forma distinta de inserción en las redes mediterráneas.

La tumba Olmo Bello 16 demuestra que los actores sociales de alto rango desarrollaron identidades transculturales que combinaban tradiciones locales con influencias egeas, ibéricas y mediterráneas más amplias. La Edad del Hierro aparece así como un mundo de profunda interconexión, donde el prestigio se construía precisamente mediante la capacidad de participar en esas redes.

Referencias

  • Babbi, A., et al. 2026. «Networks and transcultural evidence in late iron age Bisenzio (Capodimonte, VT, Italy, 750–730 BCE).» Journal of Archaeological Science: Reports, 72: 105750. DOI: https://doi.org/10.1016/j.jasrep.2026.105750

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

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