el restaurante nacido en un garaje de Barranquilla que llegó a

Era un garaje. Un pequeño rincón de concreto con una plancha caliente, cinco mesas con sus juegos de sillas plásticas y un par de jóvenes que, más que una receta, tenían una obsesión.
Allí, en la calle 51 con carrera 93, en el norte de Barranquilla, nació hace 16 años Benito Juárez, el restaurante que hoy tiene presencia en cuatro ciudades de Colombia y que, desde hace un año, ondea también su bandera en el corazón latino de Miami.
Todo comenzó con una nostalgia. Una añoranza por los sabores que descubrieron Luis Parejo y su novia Karen Bohórquez mientras vivían en Bogotá durante su vida universitaria, donde la oferta de comida mexicana era amplia, diversa, callejera, viva.
Al volver a Barranquilla, encontraron un desierto gastronómico: un solo restaurante de mantel, costoso, sin alma de pueblo currambero. “No era para todo el mundo”, recuerda Luis, quien tiene estudios en Marketing y Negocios Internacionales y que, junto con Karen, hoy chef profesional, esposa y madre de sus dos hijos, fundó esta cadena de restaurantes.
Fue entonces cuando entendieron que ahí, justo ahí, había una oportunidad. Una necesidad por cubrir. Una posibilidad por explorar. “Nos gustaba la cocina, cocinábamos en casa. Pero, más allá de eso, queríamos emprender con algo diferente, auténtico y que tuviera sentido para nosotros”, cuenta Luis. La visión era clara: democratizar la comida mexicana. Hacerla accesible, sabrosa, informal. No gourmet, sino real. Un taco para el estudiante, una margarita para la señora que juega cartas, un burrito para el oficinista apurado.
El guacamole preparado en la mesa es uno de los sellos de Benito Juárez. Foto:GUILLO GONZÁLEZ / KRONOS
No tenían grandes recursos: iniciaron su emprendimiento con cinco millones de pesos. Ni local propio, ni chef profesional, ni experiencia previa en gastronomía. Solo ideas, hambre de emprender y mucha intuición. La carta inicial fue fruto de pruebas y errores en la cocina de casa. Karen, de hecho, estudió cocina un año después de haber abierto. Pero el instinto no falló.
El taco como trinchera
La ubicación no parecía estratégica, pero lo fue: un garaje y cinco mesas frente a un paradero de buses donde bajaban a diario estudiantes de la Universidad del Norte, la Libre, San Martín, Atlántico y otras instituciones educativas. Ellos fueron los primeros en hacer fila por un burrito que costaba menos que una comida rápida tradicional, y que sabía distinto.
De ahí, la bola de nieve: el voz a voz, el “oye, ¿ya probaste Benito Juárez?”, las fotos en Facebook, las recomendaciones sin marketing formal. La marca creció con la gente. “Éramos los dos solos contra el mundo”, recuerda Luis.
Karen Bohórquez fusiona sabores mexicanos con el toque caribeño que identifica a Barranquilla. Foto:Guillo González / Kronos
Desde el principio, Benito Juárez supo que su propuesta no era solo vender comida, sino ofrecer una experiencia. Por eso innovaron con detalles que hoy parecen comunes, pero que en su momento marcaron la diferencia: guacamole preparado en la mesa, piña caramelizada en lugar de cruda como en México, margaritas hechas con ingredientes seleccionados y un ambiente que permitiera sentirse como en casa. Esa fusión entre lo mexicano y lo caribeño no fue accidente: fue intuición, sabor y sensibilidad.
“Fueron muchos viajes a México para ver qué podíamos aprender y luego adaptar esas recetas a nuestras ofertas gastronómicas. En Barranquilla y Santa Marta no les gusta mucho la comida picante, pero en Bogotá sí; entonces tocaba mirar todo eso para acomodar los platos a los gustos de las personas sin que perdieran su esencia”, explica Karen.
Del garaje a Miami, sin perder el sazón
El crecimiento fue orgánico: primero una segunda sede, luego una tercera. Santa Marta, Soledad, Bogotá. Cada ciudad trajo nuevos retos. Hoy tienen 10 sedes en Colombia y una en Miami (Estados Unidos), y manejan una nómina de más de 170 personas.
En la capital de la República, por ejemplo, ya había referentes fuertes de comida mexicana, y tuvieron que pelear su espacio con sabor e identidad. En Miami, el reto fue mayor: diez restaurantes mexicanos en un radio de dos cuadras. Y, aun así, apostaron por lo que sabían hacer.
Luis Parejo, creador de Benito Juárez, maneja 10 restaurantes y 170 trabajadores. Foto:GUILLO GONZÁLEZ / KRONOS
Se fueron solos, sin hijos, sin familia, y trabajaron diez meses seguidos de 9:00 a.m. a 12:00 de la noche, levantando desde cero su primera sede en el extranjero. “Fue durísimo. Pero valió la pena”, recuerda Karen, quien admite que lo más difícil fue dejar a sus niños para emprender en esta nueva aventura.
“El proyecto de Miami fue como una apuesta para dolarizar nuestra economía. Nos mantenemos innovando y este era una prueba de fuego”, manifiesta Luis.
La pandemia, como a todos, los golpeó. Al principio, el cierre fue total. Pero pronto decidieron reinventarse: comenzaron a congelar productos y enviarlos por cajas a otras ciudades. Flautas, quesadillas y enchiladas que viajaban a Montería, Medellín o Santa Marta. “Fue una locura. Pero funcionó”, cuenta Karen. Porque detrás del empaque había un producto probado, un sabor que ya tenía historia.
Una marca con ADN barranquillero
Uno de los mayores logros de Benito Juárez ha sido construir una marca con identidad. No solo mexicana, sino barranquillera. Una identidad que no depende de clichés visuales, sino de autenticidad, de consistencia, de estar ahí todos los días.
“Muchos restaurantes abren en Barranquilla, pero también cierran rápido. Esto no es tener plata y ya. Es estar. Vivirlo. Estar metido en el día a día”, dice Luis. “Esto es de sacrificio”.
Y lo ha sido. Desde cocinar a puerta cerrada en un garaje, hasta montar una sede en Miami con sus propias manos. Desde resistir el golpe de la pandemia, hasta mantener un equipo estable en ciudades distintas. Porque, si hay algo que reconocen como el reto más constante, es el factor humano: el personal, los clientes, las rutinas, las exigencias, las expectativas. Y, a pesar de todo, siguen ahí.
Un consejo para emprendedores: no copies, crea
Sobre la experiencia empresarial de esta empresa familiar que maneja 10 restaurantes y una nómina de 150 trabajadores en Colombia y 23 en Miami, Luis les recomienda a los jóvenes emprendedores que quieran o piensen incursionar en el sector gastronómico que creen un concepto propio.
Los esposos Luis Parejo y Karen Bohórquez, creadores de Benito Juárez. Foto:Gullo González / Kronos
“No copien. Piensen diferente. Que no se enfoquen solo en el negocio, sino en la experiencia. Que estudien la competencia, sí, pero no para imitarla, sino para superarla”.
Eso hicieron ellos. Cuando no había opciones, crearon una. Cuando nadie hablaba de tacos en Barranquilla, hicieron que se volviera costumbre. Cuando la ciudad no sabía lo que era un burrito con piña, lo convirtieron en favorito. Cuando muchos pensaban que no era posible, ellos lo hicieron posible.
Porque Benito Juárez, más que un restaurante, es una historia. Un testimonio de cómo los sueños con sazón, esfuerzo y corazón pueden ir del garaje a Miami sin perder el sabor original.
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Fuente de TenemosNoticias.com: www.eltiempo.com
En la sección: EL TIEMPO.COM -Colombia
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