El ébola pone en el punto de mira los frágiles sistemas sanitarios de África

El año pasado, Celestine Mugambi, experta keniana en salud pública, contempló con horror cómo Estados Unidos suspendía de forma repentina y recortaba drásticamente la financiación sanitaria destinada a África. Hasta febrero de 2025, Estados Unidos aportaba más del 60% de toda la financiación externa para … la salud pública en Kenia; el apoyo al programa nacional contra el VIH, en cuya gestión colaboraba Mugambi, era especialmente crucial. De repente, comenzaron los despidos de trabajadores, se redujeron servicios esenciales, y los anticonceptivos y medicamentos antirretrovirales empezaron a desaparecer de las estanterías de los hospitales. «Había mucha inestabilidad, mucha ansiedad», recuerda. Sin embargo, también hubo un lado positivo: «Le dio a Kenia la oportunidad de diseñar nuestros propios programas».
Más de un año después de que la Administración de Donald Trump desmantelara la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y redujera drásticamente su contribución a la salud pública mundial, los frágiles sistemas sanitarios africanos vuelven a encontrarse en una situación de emergencia. El peor brote de ébola desde 2018 está causando estragos en el este de la República Democrática del Congo y en Uganda, y amenaza con propagarse. Gobiernos con escasos recursos, como el de Kenia, que aún se recuperan de los recortes de ayuda del año pasado, se ven obligados a destinar sus limitados recursos a la vigilancia epidemiológica y a las pruebas de detección del virus. No obstante, el impulso hacia lo que sus defensores denominan «soberanía sanitaria» está cobrando por fin fuerza.
El catalizador de este movimiento hacia la autosuficiencia ha sido una sucesión de crisis que ha puesto de manifiesto hasta qué punto los sistemas sanitarios africanos dependen de la ayuda exterior: la covid-19 evidenció la debilidad de la producción farmacéutica nacional y los recortes de la ayuda revelaron hasta qué punto programas sanitarios enteros dependían de los donantes, no solo para su financiación, sino también para el suministro de medicamentos y la contratación de personal. En Sudáfrica, unos 15.000 trabajadores estaban financiados por el PEPFAR, el programa insignia de Estados Unidos contra el sida, hasta el año pasado, señala Thembisile Xulu, directora ejecutiva del Consejo Nacional Sudafricano contra el sida. En apenas tres meses, todos perdieron su trabajo, y el 19 de junio Estados Unidos anunció que la financiación del PEPFAR en Sudáfrica finalizaría de forma definitiva.
Los anteriores intentos de impulsar la autosuficiencia solían fracasar por falta de voluntad política. El respaldo a las reformas destinadas a crear sistemas sanitarios más sólidos e independientes procedía normalmente de los ministros de Sanidad o de Finanzas, explica Naveen Rao, de la Fundación Rockefeller, una organización filantrópica internacional. «Ahora proviene de los jefes de Estado». La denominada Accra Reset, una iniciativa impulsada por el presidente de Ghana, John Mahama, pretende aumentar la financiación nacional destinada a la sanidad e impulsar la fabricación local.
Reducción de la financiación extranjera
La primera tarea, y la más importante, es de carácter financiero. Desde 2022, la financiación extranjera destinada a la sanidad en África se ha reducido un 60%, un déficit que pocos Gobiernos de la región están en condiciones de cubrir. Aun así, algunos están dando un paso al frente. El Centro para el Desarrollo Global (CGD), un ‘think tank’ con sede en Washington, calcula que más de dos terceras partes de las medidas adoptadas por los Ejecutivos africanos en 2025 para responder a los recortes de la ayuda tenían que ver con la sanidad, como la financiación de medicamentos. Ghana ha eliminado el límite máximo de los impuestos especiales destinados a su agencia nacional de seguros de salud, lo que ha incrementado su presupuesto en un 60%. Por su parte, Nigeria, Ruanda y Etiopía estudian gravar el alcohol, las bebidas azucaradas y el tabaco.
Los Gobiernos y los donantes también están recurriendo al sector privado para obtener financiación. La Campaña ONE, un grupo de incidencia política, propone que los Ejecutivos africanos utilicen las remesas de la diáspora —que ya antes de 2025 superaban el volumen de la ayuda internacional— para financiar los sistemas de seguro sanitario. La UE aspira a combinar las subvenciones tradicionales con préstamos y capital privado, al que también están recurriendo las ONG. En Kenia, Tiko, una organización sin ánimo de lucro cuyas operaciones dirige ahora Mugambi, ha puesto en marcha, en pruebas, lo que describe como el primer bono de impacto del mundo para el desarrollo centrado en la salud sexual, un instrumento mediante el cual los inversores solo recuperan su dinero si se alcanzan los resultados previamente acordados. Este año podría lanzarse un bono similar en Sudáfrica.
Encontrar formas de ahorrar
Los Gobiernos también deben encontrar formas de ahorrar. Hasta ahora, explica Benoit Renard, cofundador de Tiko, la fragmentación de los proyectos financiados por donantes y la existencia de sistemas paralelos de prestación de servicios hacían que «en un mismo centro se pudiera encontrar a tres personas de ONG distintas, con funciones diferentes, realizando la misma tarea». Corregir estas ineficiencias puede reducir costes y hacer que los sistemas sanitarios sean menos vulnerables ante futuras crisis.
Mozambique ofrece un buen ejemplo. Tras los recortes del año pasado, las autoridades sanitarias de Tete, una provincia del noroeste del país, comenzaron a integrar los servicios de vacunación, malaria, planificación familiar y otras áreas de la atención primaria, y los recursos que antes estaban repartidos entre distintas ONG se agruparon. El resultado, según Jonny Barty, de Acasus, una consultora que asesora al Gobierno, es que los profesionales sanitarios llegan a «más personas, en más lugares y en menos tiempo». El Ministerio de Sanidad está extendiendo este modelo al conjunto del país.
Ampliar la capacidad de producción
África también necesita ampliar su capacidad de producción médica. En la actualidad importa entre el 70% y el 100% de los medicamentos terminados y alrededor del 99% de las vacunas. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África (CDC de África), el principal organismo de salud pública del continente, quieren que, para 2040, al menos el 60% de las vacunas, los diagnósticos y los tratamientos se fabriquen a escala local. También será necesario reforzar la investigación y el desarrollo (I+D) para que los nuevos medicamentos puedan desarrollarse más cerca de donde se necesitan.
Entre los centros de fabricación con mayor potencial figuran Sudáfrica, que aspira a que sus empresas farmacéuticas fabriquen lenacapavir, un avanzado medicamento para la prevención del VIH, y Nigeria, que está adoptando lo que Robert Matiru, de Unitaid, un organismo internacional de salud, denomina un enfoque «que abarca a todo el gobierno» para impulsar la producción nacional. Asimismo, una fábrica de Kenia prevé entregar próximamente su primer lote de medicamentos.
Avance de la I+D
La I+D también está avanzando. Gracias al apoyo de organizaciones filantrópicas y sin ánimo de lucro, como la Iniciativa Medicamentos para Enfermedades Desatendidas, se están llevando a cabo ensayos clínicos en todo el continente para combatir algunas de las enfermedades más devastadoras de África. La oficina nacional de investigación biomédica de la República Democrática del Congo detectó demasiado tarde el último brote de ébola, pero ha liderado la secuenciación genómica de Bundibugyo, la cepa responsable del actual brote.
Aun así, persisten numerosos obstáculos. No todos los países podrán consolidarse como productores farmacéuticos, por lo que la cooperación regional será fundamental. Sin embargo, Sudáfrica se ha negado hasta ahora a adherirse a la Agencia Africana de Medicamentos, el organismo regulador encargado de certificar vacunas y medicamentos que comenzó a funcionar en 2021. Esta decisión retrasará la creación de un mercado farmacéutico verdaderamente continental.
El mayor obstáculo sigue siendo el dinero
El mayor obstáculo sigue siendo el dinero. En 2024, veintiocho países africanos destinaron más recursos al servicio de la deuda externa que a sanidad. Un análisis reciente de Bajeti Hub, una ONG keniana, concluye que el gasto sanitario a largo plazo en Kenia disminuye un 1,2 % por cada punto porcentual que aumenta la ratio deuda/PIB. Un total de veintidós países africanos han firmado acuerdos con la administración Trump para recuperar parte de la financiación sanitaria estadounidense perdida a cambio de facilitar datos sanitarios nacionales y, en algunos casos, conceder derechos de explotación minera. El camino hacia la soberanía sanitaria está repleto de obstáculos.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.abc.es
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