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La frontera blindada de Donald Trump

📅 🕐 hace un momento🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 12 min de lectura
La frontera blindada de Donald Trump
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La ‘pick up’ que conduce el agente de la guardia fronteriza de los Estados Unidos, Jesús Basavilbaso, no deja de dar botes. Después de unos 20 minutos por la I-19, la carretera del Estado de Arizona que une Tucson con Nogales, la última ciudad antes de llegar a la frontera con México, el camino comienza a hacerse más tortuoso cuanto más cerca se está del gran muro. Es una carretera de piedras, baches y arena. No se puede esperar otra cosa, es el desierto de Sonora.

Una vez en la frontera, el paisaje es curioso: a un lado, en Estados Unidos, oficinas de control fronterizo y mercancías, nada más; del otro, en México, una ciudad en plena actividad, con sus tiendas y quioscos de comida pegados a la valla. Y en medio, un muro que impresiona. En algunas zonas se levanta hasta los seis metros y en otras hasta los nueve, justo lo que mide en este mismo lugar.

Lo que hace apenas dos años era uno de los principales corredores de inmigración irregular hacia Estados Unidos vive hoy una calma inédita. En el sector de Tucson, los cruces ilegales han caído cerca de un 90% respecto a 2024, según datos de la Patrulla Fronteriza. La tendencia se repite en San Diego (California), donde el refuerzo de agentes, militares, tecnología y barreras físicas ha transformado por completo el paisaje fronterizo.

  • ABC acompaña a los agentes

«Este muro antes se lo brincaban. Les llamábamos los ‘hombre araña’: trepaban y se lo brincaban. Hoy ya no», dice desde el otro lado, en Nogales Sonora, México, Edgar, un vecino que ha hecho una parada en su jornada laboral para comer lo que dicen «son los mejores tacos de México». Nos tenemos que fiar, ya que no los podemos probar: los barrotes del muro son tan gruesos y están tan juntos que no cabe ni un taco.

Junto a Edgar está el policía de Nogales, Ricardo Gallegos. Lleva 30 años de servicio en este lugar y ha visto de todo, pero nada como lo que está viviendo en los últimos tiempos «Aquí el trabajo es difícil. Hay que batallar con ciertos grupos que trabajan sucio y hay mucho trasiego hacia el vecino país, de personas de mercancías… pero poco más», cuenta a través de los barrotes.

Sin embargo, ahora parece que esos ‘hombres araña’ ya no existen. Las patrullas fronterizas del sector de Tucson y de San Diego parecen vivir «más tranquilas que nunca», sueltan entre risas algunos de sus guardias, que dicen que llegan «a aburrirse». Sin embargo, la labor es seria, la más seria podríamos decir para la Administración de Donald Trump.

Números de récord

Así nos lo hacen saber a un grupo de periodistas que, invitados por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, recorremos durante varios días lo que otrora era un «coladero de personas» y que ahora se ha convertido en un dique casi total para la inmigración ilegal, pero solo casi.

Los datos están ahí. Lo muestra la ‘Border Patrol’, la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos que es el cuerpo federal encargado de vigilar las fronteras terrestres de EE.UU. entre los puestos oficiales de entrada. Si en el Sector Tucson en el año fiscal 2024 (los estadounidenses cuentan por años fiscales, de octubre a octubre), entraron de forma ilegal algo más de 565.000 personas, esa cifra cayó en 2025 hasta los 70.000 y para este año aún sigue descendiendo más.


Descenso de las intercepciones de migrantes

Como consecuencia del cambio

en las políticas migratorias, se ha

reducido en un 90% la entrada

de migrantes ilegales, según

fuentes gubernamentales

Fuente: U.S. Customs and Border Protection

Descenso de las intercepciones de migrantes

Como consecuencia del cambio en las políticas migratorias,

se ha reducido en un 90% la entrada de migrantes ilegales,

según fuentes gubernamentales

Fuente: U.S. Customs and Border Protection

Descenso de las intercepciones de migrantes

Como consecuencia del cambio en las políticas migratorias,

se ha reducido en un 90% la entrada de migrantes ilegales,

según fuentes gubernamentales

Fuente: U.S. Customs and Border Protection

Descenso de las intercepciones de migrantes

Como consecuencia del cambio en las políticas migratorias, se ha reducido en

un 90% la entrada de migrantes ilegales, según fuentes gubernamentales

Fuente: U.S. Customs and Border Protection

Cada agente entrevistado por este periódico parece vivir un sueño cumplido, que también es el sueño de su jefe máximo: Donald Trump. «Nuestra misión es proteger al pueblo estadounidense, asegurar las fronteras y contribuir a la prosperidad económica del país», explica uno de los agentes que prefiere no dar su nombre. Un mensaje muy similar al que repiten otros compañeros. Se lo han aprendido de memoria y parece que les está funcionando.

Los casi 60.000 agentes que forman parte de ‘Border Patrol’ (en 2023 había desplegados 16.000) están destinados en su gran mayoría en estos sectores del sur. Tienen que cubrir una vasta zona de terreno y también vigilar las aguas, sobre todo la Bahía de San Diego. Aunque no es habitual que los inmigrantes utilicen barcas para llegar a territorio americano, en los últimos años sí que se ha incrementado este tránsito para introducir droga (ahora el mayor problema en esta frontera).


Vigilando la frontera. El Ejército de EE.UU. trabaja para mantener seguro el muro. Los agentes fronterizos también llevan a cabo controles en la bahía de San Diego..


(C.Pérez)

Cruzar un desierto

En Tucson, por ejemplo, los agentes cubren unos 90.000 kilómetros cuadrados y más de 400 kilómetros de frontera con México. La complejidad, además, está en que gran parte de este terreno es desierto. Una ventaja para algunos: controlar un desierto en su totalidad es prácticamente imposible, por lo que es más fácil llegar al objetivo sin ser visto y acompañados por los ‘coyotes’ (una especie de guías que utilizan las mafias); pero una auténtica desgracia para otros: las muertes y desapariciones al intentar cruzar por este terreno desierto de Sonora cada vez eran mayores.

Las condiciones son extremas: noches heladoras y días que simulan al infierno. Algo que las mafias saben, pero que aun así utilizan para seguir empujando a gente a cruzar al otro lado, motivados por la desesperación de los lugares desde donde huyen. «Hay temperaturas muy altas durante el día y mucho frío durante la noche. Nuestros agentes trabajan también en esas condiciones y pueden consumir litros de agua en pocas horas. Sin embargo, muchos inmigrantes cruzan este desierto de Sonora con solo uno o dos galones de agua (unos siete litros y medio) y muy poca comida», explica Sergio Vergara, jefe del programa de Personas Desaparecidas de la Guardia Fronteriza. Un programa que durante años fue una prioridad para este organismo, visto el gran número de personas que morían y/o desaparecían en el desierto, pero que el nuevo Gobierno de Trump ha relegado a un segundo o tercer plano, donde «ya no somos una prioridad», dice con la boca pequeña Vergara.

Se ha producido un cambio total en la forma de controlar la frontera: más agentes patrullando, más dinero, más medios y, en definitiva, más vigilancia. ¿Cómo funciona este control? ¿Quién lo apoya? ¿Qué pasa con las personas inmigrantes? Son preguntas que traté de contestar en el viaje por estos estados de Arizona y California.

Viaje en la pick up

Volvemos a la pick up del principio con Basavilbaso. Este hombre, supervisor en el Sector Tucson desde hace 17 años, nació en México, pero hoy lleva puesto el uniforme verde, característico de los guardias fronterizos de los Estados Unidos «Había cientos, a veces hasta miles de personas al día que venían, cruzaban de manera irregular y se entregaban a la Patrulla Fronteriza», cuenta. Igual que desde el otro lado el policía mexicano Gallegos afirmaba que no había visto nada como ahora, desde el lado americano, piensan lo mismo: «En los años que llevo como agente, nunca había visto que la frontera estuviera tan segura como hoy». Algunas medidas comenzaron ya durante el mandato de Joe Biden, especialmente tras el endurecimiento de las restricciones al asilo en 2024, pero el actual Gobierno las ha llevado mucho más lejos y las ha convertido en una de sus principales banderas políticas.

Junto con miembros del «temible»-dicen los mexicanos- ICE (el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos) dentro del país, que han estado llevando a cabo las polémicas detenciones de personas que no contaban con documentación legal en el país, también está colaborando en este control el propio Ejército. Son los militares los que están colocando las concertinas y reforzando el muro. Y quieren llegar hasta el último metro.

Para ello utilizan no solo la barrera física, también sistemas de cámaras, «con capacidades tecnológicas muy avanzadas, que pueden detectar movimientos, diferencias de color y distintos tipos de activdad», explica el agente R.White. «No tenemos lugares completamente ciegos, pero sí áreas con visibilidad limitada. Por eso usamos más tecnología», señala.


Vida tras la frontera. En la primera imagen, el policía Gallegos desde Nogales Sonora. Abajo, José y Sac, dos vecinos de Tijuana, el primero desde San Diego y la segunda habla a través de la frontera.


(C. Pérez)

Control por mar y tierra en California

Lo vemos en el otro lado del viaje, en la frontera entre Tijuana y San Diego, donde el muro continúa avanzando, sobre todo en esos tramos donde hace apenas un año no había nada.

Aunque desde el lado americano describen la situación como «controlada» y repiten la máxima de Trump de que existe una «emergencia nacional», desde el otro lado, la situación es bastante peor.

«La vida en Tijuana es complicada, aunque no lo cambio por pasar con los gringos», comenta Sac a través del muro que separa San Diego con Tijuana. Es dentista y se había acercado hasta el muro para hacer unas compras: como en Nogales, en el lado mexicano en Tijuana la vida se traslada hasta el último centímetro de terreno, mientras que en el lado americano, solo hay terreno ‘virgen’ de construcciones y las únicas personas que se ven son los guardias que patrullan. «La gente ya no pasa, se lo piensa dos veces y prefiere quedarse en México. Eso lo hemos notado porque hay una gran sobrepoblación. No hay casas para alquilar», asegura. Muchas personas que venían de Guatemala, Honduras y otros países centroamericanos con el objetivo de llegar a Estados Unidos, ahora se han quedado en Tijuana. Las organizaciones de apoyo a inmigrantes sostienen que la caída de los cruces no implica necesariamente una disminución de la presión migratoria. En su opinión, parte del fenómeno simplemente se ha desplazado hacia México, donde miles de personas permanecen bloqueadas a la espera de una oportunidad que quizá nunca llegue.

Aunque ni Sac ni su amiga Silvia quieren vivir en el norte, y ven «el sueño americano como una mentira», tienen amigos y familiares que lo han intentado. «No es un buen tiempo para vivir en EE.UU. y no nos quieren, pero normalmente la gente que pasa hace los trabajos que los gringos no quieren: limpiar casas, jardineros, albañiles o trabajos de campo».

Es lo que hacen todos los días Valeria y su amiga Diana, dos jóvenes de 20 y 21 años que trabajan en un Walmart. Viven en Tijuana y cada día pasan por el cruce de San Isidro, considerado el paso fronterizo terrestre más transitado entre Estados Unidos y México, y uno de los más concurridos del mundo, sino el que más. «Cerca de uno de cada seis cruces terrestres hacia Estados Unidos pasa por esta región. Con semejante volumen de tráfico, también nos enfrentamos a una gran variedad de infracciones y actividades ilícitas: narcotrafico, tráfico de personas, contrabando de mercancías…», apunta el agente Aki, a cargo del puente de San Isidro. Este hombre controla el que es uno de los puntos más importantes de todo el país y ahora el objetivo está en «la lucha antidroga. Eso es lo que nos preocupa sobremanera», dice. No es de extrañar viendo las calles de San Diego: drogadictos en prácticamente cada esquina de la zona central de la ciudad y con las secuelas del fentanilo en más de uno.

Pero a Valeria y Diana lo que más inquietud les genera es que las paren y pongan en duda constantemente sus documentos. «Nacimos aquí aunque vivamos en México, somos americanas, pero nos miran con recelo. Es una situación que nos pone nerviosas e incómodas», cuentan.

Es el ambiente que se ha creado en estas ciudades fronterizas, y prácticamente en todo el país, donde hay un alto porcentaje de personas que viven y trabajan, de manera legal, e incluso que han nacido en territorio norteamericano, pero que se sienten vigiladas y perseguidas.

La estrategia de Donald Trump ha logrado algo que hasta hace poco parecía imposible: reducir los cruces irregulares a mínimos históricos y convertir algunos de los corredores migratorios más transitados del mundo en territorios bajo un control casi absoluto. Un logro que la Administración exhibe con orgullo, pero la incógnita está en cuánto tiempo puede contener una realidad que, durante décadas, ha demostrado abrirse paso incluso ante los muros más altos.

Fuente de TenemosNoticias.com: www.abc.es

En la sección: Internacional

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